domingo, 19 de abril de 2015

EN EL BUS


Ciertos inconvenientes que tuve al esperar el colectivo el viernes pasado me motivaron a escribir en esta ocasión sobre este tema que seguramente a mucha gente cansa bastante. Tal vez ya es muy repetido y hay quienes viven ese martirio a diario, pero vale la pena recordar estas situaciones que a veces son desesperantes.

En Paraguay, a diferencia de otros países, el ómnibus es el único medio público de transporte que podemos utilizar para trasladarnos al trabajo, al estudio o a donde deseemos, siempre y cuando no dispongamos de vehículo propio. Ahora surge una pregunta: ¿Quién no se quejó tanto en persona como en las redes sociales sobre los problemas que aparecen cuando uno viaja en micro? Quizás sean contados con los dedos los que no sufrieron en carne propia aunque sea una de las malas vivencias que van a leer a continuación.

Es típico que los colectivos que más necesitamos o el que precisamente esperamos no aparezca o tarde bastante tiempo en llegar. Posiblemente tenga un poco que ver con la famosa Ley de Murphy, pero también la frecuencia de tiempo no es regulada por muchas empresas de transporte y esto hace que más de una vez nos retrasemos para presentarnos a donde queremos estar, principalmente en nuestros lugares de trabajo.

Subimos a la unidad, pagamos el pasaje y aparece el primer inconveniente del viaje. En Asunción y alrededores el costo del pasaje es de 2.300 guaraníes, mientras que en algunas ciudades del interior es más elevado. Resulta bastante excesivo pagar esa cantidad para ese servicio que, por lo general, es brindado por buses en pésimo estado.

Nos encontramos dentro del colectivo y vemos en reiteradas ocasiones asientos rotos, ventanas quebradas, goteras en los techos, pisos abiertos (con éstos dos últimos es inevitable mojarse adentro cuando llueve) y timbres que no funcionan, además de que a veces el "bondi" parece desmoronarse por si solo o que en cualquier momento va a pincharse una rueda.

Si viajamos en hora pico, especialmente cuando vamos hacia los microcentros, el bus está repleto hasta más no poder, obligando a algunas personas a viajar incluso en las mismas estriberas. Los choferes, aún a sabiendas de esto, continúan ascendiendo más pasajeros a cada 50 metros con el famoso grito "vayan más al fondo, por favor, hay mucho espacio", cuando en realidad uno no puede moverse porque está más apretado que una sardina enlatada.

A veces el mismo conductor, con intenciones de "subir más gente", maneja a una velocidad tan lenta que hasta si una tortuga le jugase una carrera le ganaría, lo que genera cierta desesperación en quienes viajan por tanta lentitud. En realidad algunos choferes buscan hacer paradas a mujeres jóvenes con ropas ceñidas al cuerpo (aunque éstas no esperen esa línea y ni siquiera pretendan usar el micro) con sendos bocinazos innecesarios, o bien se la pasan hablando y hasta mensajeando en sus celulares, provocando así un grave peligro de accidente.

Hasta hace algún tiempo, dentro de las unidades sonaba la radio al máximo volumen, ensordeciendo a los pasajeros con sus músicas, generalmente cumbias. Afortunadamente esto ya está prohibido, aunque hay algún que otro chofer que hace caso omiso a la ley y sigue poniendo sus canciones molestosas en altísimos decibeles.

En fin, la lista suma y sigue, y todo esto es sin contar con los inconvenientes producidos por los mismos pasajeros, pero voy a dejarles el misterio y lo voy a abordar en otro momento.

Abajo verán algunas imágenes sobre lo infernal que a veces resulta viajar en bus:



"Modernas" unidades de transporte en Paraguay.


Así viaja la gente a la mañana.

Como puede la gente viaja hasta en la estribera.





































Vean el "bello" estado de esta unidad.

Ya que el micro no puede arrancar...

Ahora retrocediendo.

























































































Esta no es una crítica. Esta no es una queja.
¡ESTA ES LA CRUDA REALIDAD!


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