Días atrás, mientras chateaba en WhatsApp con una muchacha
con quien a veces salgo, mencioné que estuve en el campus de la UNA con los
estudiantes intentando tomar el rectorado. Ella respondió que eso es cosa de “tekoreí”
(gente que no tiene nada que hacer). Ante eso, contesté que obviamente toma esa
actitud indiferente porque no estudia allí, a lo que seguidamente me llovió improperios
por su mala interpretación. Dejamos de hablarnos por unos días.
Entre tantos otros casos análogos que observé en las redes
sociales y oí en la misma calle, elegí las dos anécdotas ya explayadas para
plasmar el miedo y la indiferencia de algunos individuos ante la histórica toma
de la UNA, la prisión del rector y la imputación de otros funcionarios
corruptos. Un temor y una apatía heredados de un gobierno represivo y una corrupción
constante.
En la primera historia, la contestación es tan absurda que
la mujer, quien probablemente ya fue a conciertos o a un estadio, olvidó que en
esos lugares es común la presencia de una multitud incluso mayor que hasta
genera actos de violencia en las congregaciones, algo opuesto a lo que sucede
normalmente en las manifestaciones, otrora reprimidas por una sanguinaria
dictadura.
En cuanto a lo segundo, el desinterés es mayormente basado
en que los despilfarros de dinero en la función pública y el nepotismo son
prácticas “normales” y que como ciudadanos nada podemos hacer, a más de que
esto continuará así perpetuamente.
Si bien la consciencia y el coraje de los jóvenes despertaron
de su letargo, tal como diversos sectores de la sociedad también lo hicieron
paulatinamente, algunas personas aún siguen en la modorra, sosteniendo las
excusas arriba dichas como únicas verdades a ser consideradas.
Por ello, los logros ya obtenidos en la lucha estudiantil no
son suficientes para cambiar la mentalidad pasiva de muchos paraguayos. Es
necesario seguir lidiando con perseverancia en el campus y en las facultades hasta que
toda la cúpula corrupta que envuelve a la educación superior sea disuelta,
además de que los estatutos de las instituciones sean modificados.
Los vientos de cambio soplan fuerte. No obstante, ese
huracán debe arreciar con más furia para demostrar a los escépticos que el
Paraguay aún tiene solución. La esperanza es la última que muere.
Imágenes de la multitudinaria movilización en la UNA:
Esta no es una crítica. Esta no es una queja.
¡ESTA ES LA CRUDA REALIDAD!


















































