domingo, 27 de septiembre de 2015

MIEDO E INDIFERENCIA ANTE UN HECHO HISTÓRICO


En la mañana del sábado 26, mientras iniciaba otra jornada laboral, escuché a mis compañeras conversando sobre la movilización de los estudiantes de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Una de ellas, alumna de otra casa de estudios, expresó su deseo de estar en el campus apoyando la causa. La otra respondió que no vaya, puesto a que era peligroso. No me quedé atrás e increpé que allá había una manifestación pacífica y que no existe riesgo alguno, a lo que recibí como respuesta que podría haber “avalancha” o cosas similares. En conocimiento de mi carácter y el de la colega, no dije más nada para no iniciar una acalorada discusión.

Días atrás, mientras chateaba en WhatsApp con una muchacha con quien a veces salgo, mencioné que estuve en el campus de la UNA con los estudiantes intentando tomar el rectorado. Ella respondió que eso es cosa de “tekoreí” (gente que no tiene nada que hacer). Ante eso, contesté que obviamente toma esa actitud indiferente porque no estudia allí, a lo que seguidamente me llovió improperios por su mala interpretación. Dejamos de hablarnos por unos días.

Entre tantos otros casos análogos que observé en las redes sociales y oí en la misma calle, elegí las dos anécdotas ya explayadas para plasmar el miedo y la indiferencia de algunos individuos ante la histórica toma de la UNA, la prisión del rector y la imputación de otros funcionarios corruptos. Un temor y una apatía heredados de un gobierno represivo y una corrupción constante.

En la primera historia, la contestación es tan absurda que la mujer, quien probablemente ya fue a conciertos o a un estadio, olvidó que en esos lugares es común la presencia de una multitud incluso mayor que hasta genera actos de violencia en las congregaciones, algo opuesto a lo que sucede normalmente en las manifestaciones, otrora reprimidas por una sanguinaria dictadura.

En cuanto a lo segundo, el desinterés es mayormente basado en que los despilfarros de dinero en la función pública y el nepotismo son prácticas “normales” y que como ciudadanos nada podemos hacer, a más de que esto continuará así perpetuamente.

Si bien la consciencia y el coraje de los jóvenes despertaron de su letargo, tal como diversos sectores de la sociedad también lo hicieron paulatinamente, algunas personas aún siguen en la modorra, sosteniendo las excusas arriba dichas como únicas verdades a ser consideradas.

Por ello, los logros ya obtenidos en la lucha estudiantil no son suficientes para cambiar la mentalidad pasiva de muchos paraguayos. Es necesario seguir lidiando con perseverancia  en el campus y en las facultades hasta que toda la cúpula corrupta que envuelve a la educación superior sea disuelta, además de que los estatutos de las instituciones sean modificados.

Los vientos de cambio soplan fuerte. No obstante, ese huracán debe arreciar con más furia para demostrar a los escépticos que el Paraguay aún tiene solución. La esperanza es la última que muere.

Imágenes de la multitudinaria movilización en la UNA:









Esta no es una crítica. Esta no es una queja.
¡ESTA ES LA CRUDA REALIDAD!